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lunes, 17 de octubre de 2011

Los verdaderos narcotraficantes


El verdadero rostro del narcotráfico

Un exnarco revela las interioridades de los carteles boricuas
 
Fotoilustración / El Nuevo Día
Por Benjamín Torres Gotay /btorres@elnuevodia.com
Es como una sociedad secreta.
Para entrar, hay que tener buena reputación. Hay que disimular las ganancias. Preguntar mucho puede causar problemas. Trabajan horarios de oficina y se toman libres los fines de semana. Sus miembros trabajan por el mismo fin, pero casi nunca se conocen.
Esta es, según Martín, la verdadera cara del narcotráfico en Puerto Rico.
“La gente esta prejuiciada con el tipo de persona que crece en el caserío o el barrio pobre o problemático y realmente los verdaderos peligrosos no están en esos lugares. Estas personas son usadas y por querer hacer mucho, con poco sacrificio, entran a este mundo. Pero estas personas no tienen el dinero para comprar una cantidad de droga para vender”, dice este exnarco al que llamaremos Martín porque habló con El Nuevo Día con la condición de que no se revele su identidad, ni ningún otro detalle que permita adivinarla.
Fue miembro de una organización de narcotráfico hasta su arresto por los federales. Su relato fue corroborado con récords del tribunal y por fuentes federales. Este diario sabe cuándo fue arrestado, el status de caso y la organización a la que perteneció. Pero no lo revela para proteger su seguridad.
Según Martín, las autoridades concentran sus esfuerzos en jóvenes que manejan puntos de droga o en organizaciones como la de Ángel Ayala Vázquez, alias Ángelo Millones.
Pero Ángelo Millones, Peluche, Pito Schell, Coquito y otros que han sido identificados como grandes capos en realidad son empleados de organizaciones más grandes que son las que importan cantidades inimaginables de cocaína para exportarla a Estados Unidos, según el relato de Martín.
Narcotraficantes del nivel de Ángelo Millones trabajan para esas organizaciones. “Ellos son, como se dice, quien se ensucia las manos. Pero no pueden hacer mucho sin el soporte de los de cuello blanco”, dice Martín.
En el caso de Ángelo Millones, Martín dice que sus jefes eran Elvin Torres Estrada, “El Muñecón”, y Samuel Negrón Hernández, “Sammy Tostón”. Ambos fueron acusados junto a Ayala Vázquez y aceptaron su culpa. Negrón Hernández fue sentenciado a 20 años. Muñecón aún espera sentencia.
Martín describió a Torres Estrada como “el jefe de jefes”, el principal capo de Puerto Rico, quien estuvo activo en el narcotráfico desde el 1992 hasta su arresto el 7 de junio del año pasado y llegó a generar hasta $60 millones mensuales en venta de cocaína.
Fuentes federales corroboran que la jerarquía en el bajo mundo de Torres Estrada es mucho mayor de lo que se pensó, pero no han podido detectar todas sus riquezas. Solo han podido confiscarle $86,054.20 que tenía en una sucursal local del banco suizo UBS.
“El Buster realmente era un bruto que sigue órdenes. ¿A quién se le ocurre ir a juicio y poner en riesgo el salir un día de la cárcel a quedarse con una perpetua?”, relata Martín, quien cree que ahora es que las autoridades “están entendiendo la complejidad de este asunto”.
“La droga les pasa en la cara”
“Ellos pensaban, como muchos, que el que está en esto es un analfabeta y que viene del caserío. Por eso es que la droga se les pasa en la cara en cantidades de distribuidor y ellos no lo ven”, afirma.
Según Martín, el narcotráfico aquí lo controlan cuatro o cinco carteles que importan droga desde Colombia.
La mayoría de esa droga, como saben los federales, se exporta por avión o en contenedores hacia Estados Unidos. En Puerto Rico se queda una pequeña parte y es por la cual cientos se matan anualmente en las calles de la Isla.
Mientras, la droga aquí se almacena y se transporta con el apoyo de elementos de la Policía y otras agencias.
“Algunas veces se usan carros y guaguas iguales a la de la Policía y otras autoridades. Se usa gente disfrazada como policías de verdad, autos del gobierno, empleados gubernamentales en horas laborales”, dice Martín.
Las empresas criminales están organizadas de tal manera que si una parte del operativo es detectada, resulta casi imposible dar con los otros componentes del mismo operativo. Por eso es que a veces se detiene un carro con miles de dólares, sin que se logre detectar de dónde viene o hacia dónde, o se incauta un cargamento en la playa y no se da con los responsables de traerlo.
En estas operaciones no participan los operadores de puntos. “Es bien compleja la estructura. Por eso no vas a ver nunca un loco como los que hay en la calle repartiendo tiros”, dice Martín.
Ajenos al menudeo
Las matanzas que hay en la calle son responsabilidad de los grupos de menor jerarquía, según Martín. El foco de los carteles es la exportación hacia Estados Unidos y muchos no saben ni quiénes manejan los puntos. Martín, por ejemplo, estuvo años en el bajo mundo y dice que nunca conoció a nadie que manejara un punto de drogas.
Las organizaciones las dirigen comerciantes, con el apoyo de expertos que les asesoran sobre cómo disimular las ganancias. Hay personas que le dan apoyo desde el Gobierno y políticos que les cogen dinero y les orientan sobre los planes de la Policía.
Los líderes y miembros de los carteles se rigen por reglas estrictas. La primera es la discreción. “Ahí es que cometen el error siempre, porque todos quieren vivir roncando y demostrando el dinero que tienen”, confiesa Martín.
La segunda puede ser más importante aún: el valor de la palabra. “Las autoridades creen que se trabaja en la noche, escondidos, y es lo contrario. Hay un horario de oficina y días feriados que no se trabaja”, sostiene Martín.
Lavan sus ganancias ilegales administrando negocios que involucran el manejo de grandes cantidades en efectivo, como discotecas, pubs, compañías de transporte y construcción. “Hay gente que trabaja en la construcción y no pone ni un clavo”, dice Martín.
Los que financian los cargamentos nunca ven la droga, según Martín.
“La gente tiene un concepto de que el narcotráfico es de gente sin educación y gente que no tuvieron otras oportunidades. Pero no es así. Lo más que hay son profesionales y gente de alta esfera social”, manifiesta.

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