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sábado, 13 de mayo de 2017

Tras la pista del alimento vegetal más antiguo del Caribe Un arqueólogo boricua investiga los usos del marunguey sábado, 13 de mayo de 2017 - 12:00 AM El marunguey fue, probablemente, un superalimento durante la época precolombina en las Antillas. (Suministrada) Por Liz Yanira Del Valle | Especial El Nuevo Día Fue más importante que el maíz, la batata y la yuca junto a su derivado, pan de casabe. Así lo escribió Fray Bartolomé de las Casas refiriéndose al pan confeccionado con la planta de guáyiga obtenido por los indígenas de la región del Higüey en La Española, preparado con la raíz tuberosa de la zamia. A El Nuevo Día se lo relató el doctor en arqueología Jaime Pagán Jiménez, puertorriqueño e investigador senior en paleo etnobotánica y arqueología de la Facultad de Arqueología, en la Universidad de Leiden, Holanda. “Fue en su Apologética Historia de las Indias, donde Casas describió cómo los indígenas de La Española hacían el pan o bollo de guáyiga con la masa extraída del tronco subterráneo de dicha planta silvestre”, apuntó el científico, quien realizó un trabajo de investigación sobre el tema bajo NEXUS 1492, el mayor proyecto de investigación académica que se enfoca en el patrimonio indígena del Caribe. Según Pagán Jiménez, las tres especies de zamia nativas que hay en Puerto Rico (Zamia portoricensis, Zamia erosa y Zamia pumila), son nombradas como marunguey.“Así la llamaron históricamente nuestros antepasados, y así la siguen llamando hoy día nuestros vecinos del campo donde todavía crecen esas plantas. En República Dominicana, le llaman guáyiga en casi todos lados, aunque sospecho que deben existir otros nombres para esta planta en esa isla, que es conocida como coonti en las islas Bahamas”, explicó el egresado del bachillerato en antropología, con concentración en arqueología, de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras. Como parte de su trabajo, el investigador encontró un paralelo a dicha práctica en la obra del fraile Íñigo Abbad y Lasierra, donde el cronista también relata “lo que pudo presenciar y escuchar sobre los panes o bollos de marunguey que comían los criollos en el sur de la Isla”. Y si el refrán popular declara que alguien puede ser “más malo que el agua de yuca”, aludiendo a su toxicidad, parece ser que el marunguey no se queda atrás. Hasta José Gautier Benítez lo menciona en su poema Americana: “Es tu cariño mi ley / tu desdén es mi verdugo / más mortífero que el jugo / que destila el marunguey”. De la historia documentada surgió una de las tantas preguntas para el científico: ¿cómo los indígenas de La Española, de Puerto Rico y de otras islas antillanas podían comer un alimento tan peligroso? Pagán Jiménez conoce de dicha peligrosidad, pues parte de su labor consiste en estudiar los restos microscópicos antiguos de las plantas, realizar su identificación taxonómica y armar la interpretación de la información paleoetnobotánica. Buscando respuestas, el arqueólogo consultó la obra de un reconocido colega dominicano, doctor Marcio Veloz Maggiolo, quien, según Pagán Jiménez, “había sugerido antes que las larvas de una o varias especies de moscas en la masa rallada de la guáyiga (o marunguey) formaron parte de una técnica autóctona de erradicación biológica de la toxina de esta planta, alentada por los indígenas de las Antillas Mayores para que sus derivados alimenticios pudiesen ser comestibles”. Aunque en nuestro cotidiano lo descrito no parece ser muy agradable, el investigador asegura que “las enzimas de la saliva de las moscas, más la interacción de las larvas con la masa ligeramente fermentada del marunguey, pudieron ser los agentes neutralizadores de la toxina de esta planta. De no llevarse a cabo este proceso, y quizás el lavado previo de la masa, la ingesta de los panes o bollos del marunguey podría ser perjudicial o letal para quienes consumiesen los alimentos derivados de ella, tal como lo apuntó Abbad y Lasierra hace cerca de 235 años atrás en el sur de Puerto Rico”. Precisamente este procedimiento es uno de los motivos que dificultan al investigador conseguir testimonios y entrevistas que arrojen más información sobre el tema.“Se sabe que hasta mediados del siglo 20, el pan o los sorullos de marunguey continuó siendo utilizado como alimento en la región sur central de la Isla, y hasta ese entonces era preparado casi de la misma forma en que lo describieron Casas y Abbad y Lasierra”, recalcó. “Hace como cinco años, pude entrevistar a dos personas ancianas de Juana Díaz (zona de la cantera de mármol) y claro, como debo ser cuidadoso en mi forma de acercamiento a la gente, pude notar que no se les hacía fácil hablar de su historia con el marunguey por varias razones: sentimiento de pena (se asocia el consumo de esta planta con pobreza) y sentimiento de bochorno (por lo mencionado previamente en relación a la fermentación y las larvas). Al explicarles que mi intención no era otra sino conocer cómo era utilizada esa planta, accedieron a informarme con más detalle sobre estas cosas. Con personas como estas es que quiero trabajar en distintos lugares de la Isla donde existió o existe el marunguey”, explicó. Otra de las dificultades para seguirle la pista a la ruta del marunguey es que esta no es su única investigación en NEXUS 1492. El profesor imparte seminarios en Leiden, asesora varias tesis, lleva a cabo otras investigaciones; y al igual que sus pares locales, se ve obligado a dedicar tiempo a la búsqueda de financiación para ciertos proyectos. “No he podido aterrizar mi investigación en Puerto Rico, que es lo que realmente quiero hacer”, declaró a El Nuevo Día, mientras afirmó que, además de trabajar con los residuos microscópicos de esta planta en los utensilios de cocina antiguos, quiere laborar con la gente que todavía conserva el conocimiento acerca de cómo procesarlas y consumirlas. “Estimo que la gente, que todavía guarda conocimiento de primera mano sobre el asunto, se encuentra ahora entre los 80 y 100 años. Aparentemente, esta planta dejó de utilizarse a raíz de los cambios ocurridos a comienzos de la década de 1950 con las ‘no-políticas’ agrarias y de industrialización del ELA. Desafortunadamente, una vez desaparezca esa generación, estaremosperdiendo también el conocimiento ancestral que ellos guardan sobre esta planta”, dijo. La meta El arqueólogo tiene como meta seguir investigando más detalles de la historia del marunguey y su relación histórica con la gente. “Quiero llegar a conocer sus percepciones sobre la alimentación en el pasado, descubrir el escenario social, cultural y económico que rodeaba a esta planta y por qué la gente recurría a ella en distintos lugares del campo isleño. En fin, son muchos los temas que todavía me faltan por estudiar, sin contar todo el asunto ecológico y genético de la misma, que también formaría parte de la ecología histórica de esta relación tan antigua entre el marunguey y los habitantes de nuestras islas”. En todo este periplo, el almidón es muy importante. El científico explicó que este se encuentra en el tronco subterráneo del marunguey y de otras plantas más, y puede sobrevivir cientos o miles de años en los poros o en las costras carbonizadas de los utensilios de cocina que nuestros antepasados emplearon para confeccionar sus platillos. “Hasta el momento, conocemos que el uso más antiguo de esta planta se ubica en el yacimiento de Saint John en la isla de Trinidad, hace casi 7,800 años, aunque otras evidencias precolombinas de su uso han sido registradas también mediante el estudio de los almidones antiguos en las islas de Aruba, San Vicente, Santa Lucía, Guadalupe, Saba y San Martín”, dijo. Aunque no hay conclusiones finales, Pagán Jiménez adelantó unas pistas sumamente importantes, sobre todo en estos tiempos donde anda sobre el tapete el tema de la soberanía alimentaria. “El marunguey fue, probablemente, un superalimento durante la época precolombina en las Antillas Mayores y, quizás, en algunas Antillas Menores. Sabemos que el alimento confeccionado con el marunguey no solo proveía carbohidratos, sino también una buena fuente de proteínas, por medio de las larvas que se consumían, y todo esto en un mismo platillo”, dijo. Según el profesor, el proyecto continúa en pie bajo NEXUS 1492 y junto a más colegas de la Universidad de Leiden y de otras islas, que siguen la trayectoria histórica del uso de esta planta como fuente alimenticia entre los habitantes pre y postcolombinos de La Española, Puerto Rico, Cuba y las Antillas Menores. “De esta manera, se intenta arrojar nueva luz sobre lo que posiblemente ha sido el alimento vegetal autóctono y más antiguo de las islas del Caribe, como muy bien lo anunció antes Veloz Maggiolo. Estas investigaciones pretenden aportar nuevas evidencias científicas para comprender, entre otras cosas, cómo el uso del marunguey pudo resistir el embate de la conquista y la colonización europea, y también el de la modernidad y la industrialización en el Caribe antillano”, declaró Pagán Jiménez, quien completó su doctorado en arqueología con especialización en paleoetnobotánica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Si los científicos releen a los cronistas, por qué no finalizar lo del marunguey con poesía. Bien lo dijo otro español, Miguel Hernández: “Tened presente el hambre: recordad su pasado turbio...” “El hambre es el primero de los conocimientos: tener hambre es la cosa primera que se aprende. Y la ferocidad de nuestros sentimientos, allá donde el estómago se origina, se enciende”.

sábado, 19 de noviembre de 2016

LA ISLA EN TINTA: la teoria del espejo

Isla en su Tinta por Eduardo Lalo La teoría del espejo Es un problema antiguo y pernicioso. Cuando en las mañanas nos miramos al espejo, ¿a quién vemos? No se trata simplemente de un asunto de imagen personal, sino que este acto puede contener un problema étnico, racial y político. En días recientes he escuchado estadísticas sorprendentes. Algunos comentaristas del triunfo inesperado en las elecciones estadounidenses de Donald Trump padecen una suerte de manía matemática. Puntúan sus intervenciones con porcentajes, números millonarios y cantidades que aumentaron o descendieron. A veces, parece que la elección se interpreta desde un espíritu contable. Según esta lógica, los demócratas lograron vender menos papeletas en 2016 que en 2012 y, lo que se pensaba como un problema de diseño de la mercadería Trump, probó no importar demasiado a una gran masa de compradores de su proyecto. Según esta perspectiva el pueblo estadounidense no estaría provisto de psicología o, en relación a ella, no tendría más de la de alguien que decide entre una Coca Cola y una Pepsi. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. ¿Qué lleva a alguien a votar? ¿Qué lo lleva a escoger uno de los candidatos? ¿Qué provoca el entusiasmo, la militancia e, incluso, el fanatismo? Para este espinoso asunto, propongo la teoría del espejo. ¿A quién vemos cuando nos miramos en él? En las pasadas elecciones de Estados Unidos, el 29% de los votantes de origen latino optó por Trump. El que este candidato afirmara en sus frecuentes exabruptos y declaraciones incendiarias que los mexicanos eran ladrones, violadores y narcotraficantes, que pretendía en su primer día en el cargo de presidente, construir una muralla en la frontera y obligar a México a financiarla, no impidió que tres de cada diez votantes latinos le dieran su apoyo. Lo mismo debió ocurrir entre los puertorriqueños, cubanos, venezolanos, nicaragüenses y salvadoreños de Florida y otros estados. El pretendido poder determinante de la emigración puertorriqueña en la Florida central, terminó diluido o ni siquiera se manifestó. En la elección de 2012, el 18% de los latinos de este estado acudieron a las urnas. En las elecciones de hace unos días, luego de considerables campañas motivacionales, solamente votó el 19%. Entre una elección y otra, ante la amenaza de Trump y tomando en cuenta la relevancia geopolítica de esta región, el crecimiento fue de tan solo un punto. Estos resultados demostrarían que un número considerable de latinos estimó que Trump no se refería a ellos. Cuando, en las mañanas, se miraban en el espejo, pensaban que ellos no eran los latinos a los que Trump se refería. No tan solo esto, sino que también parece que no les estaba del todo mal que sacara de circulación a un número sustancial de sus congéneres, y se les pusiera del otro lado de la muralla fronteriza o se les devolviera a sus islas en el Caribe. Al mirarse al espejo, estaban seguros que ellos eran diferentes. En estos días he visto otra estadística. Desgraciadamente no la apunté, pero si la memoria no me falla, era del orden del 10%. Ese porcentaje, o uno similar, indicaba una diferencia entre el censo de 2000 y el de 2010. En el último, 10% de los habitantes de Estados Unidos que se habían clasificado como latinos o hispanos en el 2000, se habían convertido en 2010 en blancos. Esta extraordinaria transformación resulta desconcertante. Si se hubiera dado por medios violentos y criminales, se podría considerar un caso de limpieza étnica. Aquí, sin embargo, el vehículo es otro. Es lo que acontece cuando un número considerable de personas se mira al espejo. Los que proporcionaban el dato, aportaban una explicación: especulaban que en el censo de 2000 una parte sustancial de ese 10% era menor de edad y sus padres los clasificaron como latinos. Diez años después, esos ciudadanos convertidos en adultos, se miraron en el espejo y consideraron que ya no lo eran. Los espejos no son inofensivos. Son conocidas tanto la fobia como la fascinación que provocan. Entre nuestros instrumentos cotidianos, son el que más patentemente parece insuflado de vida y misterio. Las imágenes que nos devuelven, producen, invariablemente, un juicio. Ante ellos estamos casi siempre solos y, a la vez, imaginamos cómo nos ven los demás. Frente al espejo, concebimos y proyectamos la naturaleza de nuestras relaciones sociales: la atracción o el rechazo, el deseo o la indiferencia. Ante él se ensaya, también, la posibilidad de ser otro. Una foto de Ricardo Alcaraz, cuyo trabajo ha contribuido destacadamente a formar la memoria visual de las últimas décadas, fue tomada en la tarde de nuestras elecciones. A esa hora, en Estados Unidos, prácticamente nadie suponía que el candidato Trump se alzaría con la victoria. Ricardo Alcaraz retrata un descapotable que transita frente al comité del Partido Nuevo Progresista. Una mujer lo conduce, un hombre va en el asiento del pasajero y atrás van los que parecen ser dos niños. Es un retrato de familia. Ninguno de ellos es blanco. Los muchachos enarbolan tres banderas y el carro en movimiento las despliega parcialmente. Una pequeña pertenece a un candidato a la alcaldía capitalina que sería derrotado esa tarde, otra, de un tamaño similar, es una bandera estadounidense y la tercera es una gran bandera Confederada. El hecho es insólito: se celebra una victoria electoral con una bandera que nunca se ha visto en el país y que en Estados Unidos se asocia al racismo y el extremismo de grupos de hegemonía blanca. Los votos de esas facciones contribuirían esa noche al triunfo del Partido Republicano. Esa bandera ondeando por las avenidas de San Juan inventa además una concepción: Puerto Rico como un estado del sur norteamericano. El retrato de familia de Ricardo Alcaraz nos remite a la visión de sus miembros en el espejo. ¿Qué ven cuando fijan su mirada en su mirada? ¿A quiénes observan cuando no ven el color de su piel, cuando no perciben las calles de San Juan? Al viajar a distintas ciudades, he visto múltiples Trump Towers. Tienden a ser doradas, pretenciosas, grandilocuentes. Son y han sido durante décadas motivo de burla. Sin embargo, en mi recuerdo un hecho ahora se destaca: sus enormes fachadas, del tamaño de un rascacielos, están hechas de espejos. Todo el que se planta ante ellas, ve su imagen reflejada. ¿Qué vemos cuando nos miramos en el espejo? Tags: Partido Nuevo Progresista elecciones 2016 Donald Trump voto latino

jueves, 10 de noviembre de 2016

Resultados ELECCIONES GENERALES, Puerto Rico NOVIEMBRE 2016

45 PNPs - 23 PPDs y diez (10) que hay que esperar para ver qué serán. Bipartidismo, ignorancia, menta corta, aprobación de corrupción, mentira, traición y conveniencia partidista. Inversionismo político. Ahora viene la repartición de posiciones y mucho revanchismo político, 956,510 votantes aprueban que es bueno robar, mentir, traicionar y hacerle la vida de cuadritos a los pobres, a la Clase Trabajadora y a los Jubilados que construyeron el Puerto Rico de hoy. Estos datos me dan ganas de vomitar. Cuando cometan actos de corrupción, roben, mientan y te traicionen no digas nada, MANTEN LA BOCA CERRADA y SUFRE POR ESE VOTO IGNORANTE QUE DIERON A LOS QUE LE FAYAN A LA PATRIA. http://elecciones2016.ceepur.org/#es/map/GOBERNADOR_Mapa_Municipios.xml

Resultados Elecciones Generales - ALCALDÍAS 2016-2020

Mira chequea bien quiénes son los alcaldes que dirigen sus municipios durante el cuatrigenio 2016-2020 Conoce a tus candidatos. Ingresa el pueblo que quieres buscar, y conoce a sus candidatos para la alcaldía, representación y senado prdecide.elnuevodia.com|By El Nuevo Día

domingo, 9 de octubre de 2016

Rompecabezas Continentes del mundo

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GEOGRAFÍA en nuestro planeta Tierra

GEOGRAFÍA de nuestro planeta Tierra Owl and Mouse Educational Software Rompecabezas con los continentes del mundo Continentes de nuestro Planeta América del Norte América Central América del Sur