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domingo, 3 de julio de 2016

Columna EL ROBO DEL SIGLO

Las cosas por su nombre

por Benjamín Torres Gotay
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El robo del siglo

Los esperados informes financieros auditados del Gobierno, dados a conocer en la madrugada del viernes, horas despu√©s de que el presidente estadounidense Barack Obama firmara la ley de sindicatura conocida como PROMESA, confirman lo m√°s que tem√≠amos, pero como quiera sab√≠amos: el pueblo de Puerto Rico ha sido v√≠ctima de una estafa de proporciones descomunales de parte de los pol√≠ticos a los que les encargamos nuestros asuntos p√ļblicos.
El informe, preparado por la firma multinacional de contabilidad KPMG, pinta un cuadro dantesco de las finanzas del Estado y, por ende, del futuro del país.
Establece, en resumen, que el Gobierno de Puerto Rico, como lo conocemos hoy, no es fiscalmente sostenible. El d√©ficit acumulado de todas las dependencias gubernamentales ronda los $50,000 millones y la deuda p√ļblica asciende a $68,000 millones. Los sistemas de retiro operan una deficiencia de $33,000 millones, y lo m√°s probable es que a m√°s tardar en dos a√Īos no se puedan pagar las pensiones que se pagan ahora.
Ese fue el legado de los que nos gobernaron por los pasados 20 √≥ 30 a√Īos. Eso fue lo que nos trajo a la PROMESA y a esta coyuntura desgraciada en que los puertorrique√Īos estamos quedando como seres incapaces de gobernarnos.
Los exgobernadores y presidentes legislativos sabían esto, lo vieron venir, lo ocultaron bajo la alfombra, rezaron, quizás, para que se arreglara sin que ellos tuvieran que hacer mucho, siguieron premiando amigos con los recursos de todos nosotros, hipotecaron el futuro, nos destruyeron el país. El secretario de Hacienda, Juan Zaragoza, quien es sin duda el funcionario de más credibilidad en este gobierno, dijo en días pasados que, desde el 2000 al 2012, los gastos del gobierno superaron los ingresos por $25,000 millones.
¿C√≥mo lo hac√≠an?
F√°cil: tomando pr√©stamos para no ajustarse el cintur√≥n gradualmente, como pod√≠a haberse hecho entonces y ya no. Prefer√≠an seguir ofreciendo lo que no ten√≠an, dej√°ndose llevar por la ideolog√≠a malsana de que “la √ļltima la paga el diablo”. El diablo, resulta ser, seg√ļn las infames pr√°cticas de estos se√Īores que nos gobernaron, nuestros hijos.
Así seguirían, cogiendo préstamos, si no fuera porque el cierre de los mercados lo impidió.
Eso fue lo que hicieron todos, sin excepción alguna, desde la administración de Pedro Rosselló hacia acá.
La clase política con ínfulas de realeza, adicta al clientelismo, incompetente y mezquina, cometió lo que puede describirse sin temor a exagerar como el robo del siglo.
Ellos dejaron a los ni√Īos sin educaci√≥n, a los enfermos sin medicinas, a los retirados sin sus pensiones, mientras sembraban de batatas el gobierno y hac√≠an millonarios a sus amigos. Ellos, claro est√°, y todos los inconscientes que se dejaron enga√Īar por su m√ļsica ensordecedora y por sus lemas huecos y les daban el voto a√Īo tras a√Īo.
El cuadro que revela el informe deja bien claro que, con reestructuraci√≥n de deuda o sin ella, con PROMESA o sin ella, el aparato gubernamental que tenemos ahora -con tantas agencias que nadie est√° seguro de cu√°ntas realmente son, cada una con su propia tela de ara√Īa de burocracia, su ej√©rcito de amigos del partido bien pagos y su mina de oro para los privilegiados- no se puede sostener, hay que rehacerlo de arriba a abajo.
Vienen tiempos duros. M√°s duros de los que ya hemos vivido. Vienen recortes dram√°ticos. Si hacen silencio lo escuchar√°n: all√° en Washington, o en Nueva York, los futuros miembros de la junta de control fiscal est√°n amolando el machete para dar el tajo.
Vienen cortes brutales a la yugular de Puerto Rico. Eso pod√≠amos haberlo hecho nosotros los boricuas, a nuestra manera, con nuestro “ay bendito”, del que a veces nos burlamos, sin percatarnos, la mayor√≠a, de que en realidad es la manifestaci√≥n m√°s pura del car√°cter solidario y compasivo que, entre todas las dificultades, caracteriza a nuestra gente.
Pero no. No habr√° “ay bendito” porque nuestros gobernantes fueron unos irresponsables y no lo hicieron cuando se pod√≠a hacer bien, poco a poco, compasivamente, sin que doliera demasiado, para el beneficio futuro de la sociedad. Le va a tocar a la junta que dentro de poco estar√° gobern√°ndonos.
Poco se sabe de esa junta, pero esto est√° bien claro: no van a ser militantes de la filosof√≠a del “ay bendito”, sino tecn√≥cratas estadounidenses conocidos por ejecutar recortes inclementes, con el prop√≥sito principal de que el Gobierno est√© en condiciones, no necesariamente de dar mejores servicios, sino de pagar lo m√°s posible de la descomunal deuda.
A esta posici√≥n de extrema indefensi√≥n y vulnerabilidad como pueblo pues, nos llev√≥ la irresponsabilidad de nuestros gobernantes y de quienes votaron por ellos, y no nos queda m√°s que apretar los dientes y aguantar, porque a la junta no nos la vamos a poder quitar de encima en muchos a√Īos, debido a que no ir√°n a elecciones ni tendr√°n que rendir cuentas a nadie de sus acciones.
Los que salgan electos en los comicios de noviembre, bendito, ser√°n poco menos que sus empleados, y ya est√°n esforz√°ndose por demostrarle al electorado cu√°l va a ser el que mejor va a servir a los intereses de esa junta que ser√° el verdadero poder.
El Estado tiene que rehacerse, de eso nadie tiene duda. Lo trágico, lo que duele en el fondo del alma, es que la reorganización no estará a cargo de personas a las que podamos pedirle cuentas, sino de los miembros de la junta de control fiscal.
Ellos harán con nuestro país lo que desde su punto de vista, ajeno al nuestro, en el que no tendremos ninguna influencia, estimen lo conveniente. Nadie defiende mejor los intereses de una familia que los mismos miembros de esa familia. Trágicamente, nosotros desperdiciamos las muchas oportunidades que tuvimos de proteger a nuestra familia, y vienen otros a hacerlo por nosotros.
A eso se resume la cruda manifestación del coloniaje que quedó expuesta con todo lo que nosha pasado con esto de la PROMESA: otros, con intereses distintos de los nuestros, vienen a reorganizar lo nuestro. Esa es la esencia más elemental del coloniaje: otros haciendo lo que a uno le toca.
Es verdad que nos lo buscamos, como han dicho muchos, con mucha razón, en estos días.
Pero aun as√≠ no deja de producir un absoluto sentimiento de verg√ľenza, no es posible dejar de sentir este intenso ardor en la cara, por haber quedado los puertorrique√Īos ante el mundo como seres incapaces de atender nuestros propios asuntos.
Los puertorrique√Īos somos mucha gente. Realmente, los que nos llevaron a esto fueron los partidos rojo y azul y sus votantes. Pero, para efectos del mundo, somos todos los puertorrique√Īos los que somos incapaces de cuidarnos a nosotros mismos.
Eso es un motivo de tremenda verg√ľenza. Pero verg√ľenza siente, por supuesto, el que la tiene. El que no la tiene no la puede sentir. Y esos, como tambi√©n est√° quedando claro en estos d√≠as, sobran en este pa√≠s.

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